El toro que acariciaba la materia es
una novela que despierta el interés del lector desde las primeras páginas hasta
el final. Te atrapa y ya no puedes dejar de leer.
Guarda
un perfecto equilibrio entre el contenido y la forma. Utiliza un vocabulario
muy variado, culto, preciso y concreto. Destaca el uso de abundantes figuras
retóricas, como, por ejemplo, metáforas y personificaciones, que dotan al texto
de lirismo; por esa razón, algunos párrafos se pueden considerar prosa poética,
lo que demuestra que la autora no ha podido o no ha querido renunciar a su amor
por la poesía, faceta que se evidencia en la inclusión en distintas partes del
relato de seis poemas, de los cuales cinco son suyos.
En
cuanto a los personajes, aparecen muy bien descritos física y psicológicamente.
Admirable el retrato de las mujeres, casi todas ellas sometidas al capricho y a
las órdenes de sus padres y/o maridos. Pero, a pesar de ese papel secundario
que la sociedad de su tiempo les otorgó, fueron capaces de salir adelante y, en
algunos casos, de romper las barreras y conseguir ser libres, en mayor o menor
medida. Me quedo con Remedios y Adelaida.
El
protagonista, Daniel, es un personaje complejo, lleno de luces y de sombras. Es
un hombre que se deja llevar por un deseo sexual irrefrenable y por la ira,
pero, al mismo tiempo, es tierno y
cariñoso con su sobrina Isabel y leal con sus amigos. Aspira a ser feliz y
tener hijos, que continúen su apellido, que transmitan su sangre; sin embargo, no es posible y eso le provoca dolor y frustración.
A través de sus obras como escultor sí consigue trascender, dejar una huella
permanente e imborrable en el tiempo. Era muy difícil introducirse en los
sentimientos, en la mente de Daniel y María José Collado lo ha logrado, a
través de un lenguaje cargado de plasticidad.
Para
finalizar, me parece muy interesante la descripción del ambiente de algunas
calles de Sevilla, por ejemplo, la calle Feria y su mercado, por donde desfilan
personajes muy peculiares. Vida en ebullición. Y no quiero olvidar la mención a costumbres populares, en este caso, a las
bodas en los pueblos extremeños, aunque supongo que estos ritos, con algunas
variantes, podrían hacerse extensivos a otros municipios
fuera de Extremadura.
Es
una lectura muy recomendable, y espero y deseo
que María José Collado siga en la senda de la narrativa, pues le aguarda
un futuro prometedor, sin abandonar, por supuesto, su vocación por la poesía.
Dolores Mejías, profesora de literatura, ya jubilada.
