Arboleda

Abre las manos

La sangre

lunes, 1 de junio de 2015

Reseña de Elena Marqués sobre Centinelas del frío

Centinelas del frío
No es la primera vez que lo pienso y que alguien me lo confirma. Escribir protege del olvido, vence a la muerte.
María José Collado escribe (más bien susurra) para erigirse en Centinela del frío; vigila que la memoria de las cosas, las cosas mismas, palpables, con peso y alma, permanezcan. Y su voz con ellas.
Este pequeño libro responde, pues, a eso: al empeño por agarrarse a la vida, por cantarla y captarla a nuestro favor. Por quedarse.
Asomada a un sábado de nubes y gorriones, la autora se recrea en la contemplación de objetos y de instantes, de muebles con su historia propia, con sabor de infancia, de donde se nos agolpan los recuerdos, los mapas, los paisajes. Y cobran vida las tiendas, con ojos y corazón, con pinceladas de harina, con frutas que ruedan hasta nuestros pies y nos incitan al juego.
Maestra del adjetivo exacto, que muchas veces se adelanta en hipérbatos que nos agitan, Collado recorre espacios comunes a todos nosotros: azoteas y calles, luces y sombras, siluetas; una geografía urbana de casas con ventanas encendidas al deseo y a la lluvia, de escaparates y reflejos, de farolas y cristales, de coladas y gatos.
Y apela a todos los sentidos. Olemos el sándalo, estornudamos con el polvo; se nos eriza la piel (esa «estela / escrita por amantes») al tacto del terciopelo y el deseo; escuchamos la turbulencia de los ríos, la hojarasca, el silencio; degustamos la onza del pueril chocolate derretida entre los dedos Y, por encima de todo, abrimos nuestros ojos al mundo.
Ahora entiendo su «afición» (lo entrecomillo, pues no es la escritura eso, sino necesidad) por la poesía visual, pues es la suya una voz de acuarelas y encuadres, de luces y de sombras. Sus poemas, donde los verbos se relegan pues la prisa no existe, son estáticos, sutiles, descriptivos (léase, por ejemplo, el enjambre de nombres y moscas de «En la piel de las olas»), retratos de rincones, estampas de otros tiempos eternos y felices tamizados por el polvo de la nostalgia; sus imágenes, cálidas, «un poco de consuelo rojo / en la espiral del brasero», se relegan a veces a un interior silente donde la ausencia deja huellas en los sillones y los calendarios caducan como las hojas de otoño. La voz de María José Collado tiene dedos suaves, y traspasa la piel, frontera inútil y vencible, y domeña al tiempo, esa obsesión que pasa con saetas metálicas, ese error de los dioses.
Por eso es normal que el tono general, lo que destilan sus páginas, deje un poso de tristeza, aunque a veces la cal de las casas antiguas nos estalle en los ojos con la fuerza de soles inalcanzables mientras buscamos la sombra, un cobijo a la luz de los veranos, pues no solo la niñez y su recuerdo luchan por resguardarse del frío; también los cuerpos y el deseo recorren las buhardillas en encuentros fugaces «de nubes pasajeras» y el tiempo (siempre el tiempo) deja platos rotos y cortezas y migas de pan: las mismas que debemos recoger para llegar a casa, para no sucumbir al frío y al olvido. Para no morir.
Elena Marqués
Centinelas del frío

6 comentarios:

J. R. Infante dijo...

Enhorabuena, María José, por esa reseña que tanto dice de ti y tu obra.Doy fe hasta lo que conozco.- Un abrazo

Sor.Cecilia Codina Masachs dijo...

¡Mis felicitaciones por este reseña de Elena Marqués.
Te deseo toda clase de éxitos.
Un beso

Mirtes Stolze. dijo...

Olá Maria Jose.
Vim lhe desejar amiga um feliz més de junho. Uma belíssima postagem.
Um forte abraço.

José Valle Valdés dijo...

Bien dice de tu hacer esta reseña, amiga. Enhorabuena!

Abrazo

Conchi dijo...

Hola Maria José, paso a devolver tu visita a mi blog y si me lo permites me quedo en el tuyo, pues me ha gustado.
Un abrazo.

Verónica Calvo dijo...

Te leeré, sin duda ;)

Saludos

Sobre mí

Nací en Jerez de la Frontera, (Cádiz). Mi infancia transcurrió entre Sevilla y Essen (Alemania). La adolescencia y la primera juventud en Madrid. Trabajo de administrativo en Sevilla, donde resido. Géneros que desarrollo: poesía, poesía visual, relatos y microrrelatos.

Colaboraciones en: Agenda de la tolerancia, revista Océano, Cuadernos de Roldán, Aldaba, Diálogo, Jirones de azul, En sentido figurado, Poesía actual, Andalucía liberal, Revista Tinta china. Revista Grisú. Palabras diversas. En varias convocatorias de poesía visual Contra la violencia de género. Revista Nueva Grecia. Las afinidades electivas.

Publicaciones: Pliego monográfico de La Cuerda del Arco. Poemarios: La luna en el laberinto (1987). Arde la vida bajo el cobre lunar (1992). Tapiz de agua (2011). Bruñidas sombras (2012). Aún la lumbre (2014). Centinelas del frío (2015).

Antologías: Palabras indiscretas, Casa Eolo, I Encuentro hispano marroquí de poesía Jacinto López Gorgé, Versos para derribar muros, Especial de poesía andaluza vol.1 En sentido figurado. Miradas sin fronteras 2012. Poetas Siglo XXI. III Encuentro hispanomarroquí Trina Mercader. He hecho el prólogo para Poesía en la distancia: Al final poesía, 2013. Miradas sin fronteras 2013. III Antología Palestina. Mil y un poemas saharauis. Poemario colectivo Mujeres Ciudad Juárez. Miradas sin fronteras 2014. Alquimia del fuego. Alquimia de la sal. Gutenberg en Maguncia. El Quijote anarquista. Encuentros poéticos Teatro Romano de Itálica.

Finalista de varios certámenes de poesía.

Premio de poesía del IV Certamen Internacional Traspasando Fronteras, Universidad de Almería 2010.

2º Premio del III Certamen de Poesía Erótica Galería-Taberna Ánima 2015.

Pertenezco a REMES (Red mundial de escritores en español).