
EL PARQUE
Los párpados de la mañana se abren
bajo el zumbido dulzón de discretas fragancias.
Un torbellino de color conmueve el aire
entre los majestuosos fustes de las palmeras.
Dormitan nenúfares en la quietud del estanque.
Las pétreas cuencas de las estatuas
parecen contemplar desde la umbría el infinito.
Los labios del poeta susurran a las musas:
huele a tierra removida, a renacimiento.
En los dedos de Ofelia arde
la llama ascendente de la música.
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